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lunes, 16 de junio de 2014

31. VAMOS A JUGAR.

La visita a Vancouver está llegando a su fin.
Cuando aterricé aquí, junto a Mi Hermana Pequeña, tenía mis expectativas respecto a este viaje. No se ha cumplido ninguna. Pero se han visto sustituidas por experiencias que las superan con creces.

Mientras mi hermana ha estado ocupadísima con todo lo concerniente a La Película y el VLAFF, El Vancuverita se ha encargado de mantenerme muy entretenida. Desde luego ha cumplido con su promesa de no permitir que me aburriera durante mi estancia en Vancouver.

No sabría elegir algo en concreto de lo vivido –exceptuando las clases magistrales recibidas para diferenciar entre bueno y malo-, ya que disfruté tanto de la visita al Rogers Arena -que es la pista de hielo del equipo de hockey Vancouver Canucks-, en la que incluso me atreví a lanzar algunos discos –o por lo menos a intentarlo-, como paseando por la arena de Wreck Beach.
Al principio puse como excusa el no haberme traído bikini para no ir a la playa –a pesar de estar a finales de agosto, el agua del Pacífico está helada-, pero como la playa era nudista,  la excusa no me sirvió de nada. Tal y como esperaba terminé remojada y helada. Aunque lo del frío duró poco, El Vancuverita es un fenómeno calentando cuerpos.

El fenómeno de la calentura nos ha acompañado a mi hermana y a mí –junto a otros amigos- al aeropuerto.
Se me encoge un poco el alma, pero estoy deseando abrazar a mi hijo. Mi Madre, por su parte, está deseando que lleguemos para que me lleve a Curra antes de que se coma la otra mitad de su casa.

¡Otra vez el jet lag! Y apenas tengo veinticuatro horas para superarlo, pues mis vacaciones se acaban y me tengo que incorporar al trabajo. Se acabó el sueño, comienza la realidad.

Después de un par de meses, tras pedir la ejecución de la sentencia para ver si El Contrario por fin paga la pensión de alimentos que le corresponde a Nuestro Hijo, ha salido la resolución.
Le embargarán parte del sueldo, por lo menos mientras oficialmente lo tenga, pues ya me adelantó -vía sms, cómo no- que si se tuviera que dejar el trabajo lo haría.

Lo que yo decía, vuelta a la realidad, porque a las doce y media de la noche he recibido un sms de El Contrario -otro más-.

La verdad es que sus extrañas ganas de jugar me han acojonado esta vez. Tras reenviar el mensaje a un par de personas -para sentirme más segura- y echar la llave a todas la puertas de la casa, he intentado dormir algo. Así no hay manera de superar el jet lag.

He llegado  medio muerta al trabajo, deseosa de contarles a Las Compañeras los pormenores –y “pormayores”- del viaje a Vancouver, así como de la hospitalidad de El Vancuverita.

Casi no había empezado a contar mis aventuras, cuando me ha sonado el teléfono móvil. Me llaman de la Policía Nacional, tengo que presentarme en comisaría. Creo que El Contrario ha empezado su juego […]

lunes, 24 de febrero de 2014

15. PREGUNTAN POR TI.

Ha llegado el momento de atar cabos. No puedo seguir con lo de ofrecer servicio de limpieza y pago de suministros a El Contrario -de modo altruista- eternamente.
Que no pague su parte de la hipoteca ya es el colmo.

Así que cuando hoy me ha dicho que lo van a ascender -a costa de aceptar un traslado a unos cuantos miles de kilómetros-, he visto el cielo abierto.

Le he comentado que tenemos que arreglar legalmente la situación, sobre todo por el tema del niño.

Me ha mirado como si estuviera loca, diciéndome que dejemos las cosas como están, que no hace falta ningún papel.
¡Me río de Janeiro!

A pesar de que El Contrario lo pueda pensar, sé que no estoy loca, así que he buscado asesoramiento profesional.

En colaboración con La Experta, hemos redactado un borrador respecto a la custodia del niño, los bienes y las deudas en común.

Ingenua de mí, al llegar a casa se lo he dado a El Contrario diciéndole que lo leyera y lo estudiara. Que se asesorara con un profesional, que aunque él crea que sabe del tema, no sabe de la misa la media. Que pusiera y que quitara lo que creyera oportuno y que a ver si conseguíamos llegar a un acuerdo.

Me ha vuelto a mirar, esta vez con ojos de lobo en piel de cordero.

Hoy me ha presentado su propuesta de acuerdo…Custodia compartida. ¡Alma de cántaro! Ni Salomón hubiera tenido tan genial idea. Si tuviéramos gemelos igual podríamos decir aquello de “Tú a Boston y yo a California"…Es coña, claro.

Si se va a miles de kilómetros, no me explico cómo piensa hacerlo. Porque no ha mencionado nada de que tenga un jet privado a su disposición cada quince días.

Desvarío, porque se me ha venido a la mente el helicóptero Charly Tango de Christian Grey.

Tras un margen de unos quince días y sin ver una alternativa coherente -a parte de la custodia compartida quiere que pague la mitad del préstamo del coche que él y La del Quinto conducen-, es el momento de coger al toro por los cuernos. Y no me refiero a los míos, porque entre otras cosas sigo perteneciendo al género femenino.

Así que le tocará a un juez decidir por nosotros lo que es de recibo y lo que no.

Esta mañana -mientras iba de camino al juzgado a firmar el poder al procurador y a La Experta para que puedan actuar en mi nombre-, he estado recibiendo varios  sms  de El Contrario preguntándome cosas como; ¿dónde está el detergente? Ya que quería poner una lavadora y por lo visto en el lavadero sólo ha encontrado una botella Luzil.

Dadme un respiro. Yo tampoco lo entiendo.

Poco después de que yo haya llegado a casa -de vuelta del juzgado-, están llamado al timbre, vienen a entregarle la notificación de la demanda. ¡Qué me trague la tierra!
Aprovechando que los agentes judiciales están subiendo por el ascensor, le digo a El Contrario que preguntan por él. 
Mientras, yo me voy con el peque a jugar a su habitación.

Cinco minutos después tengo un sms en el móvil, en el que dice que -según su abogado- a  partir de ahora ya no puedo conducir el otro coche, porque está a su nombre y por tanto es suyo. Me insta a que le dé las llaves.

Ni que decir tiene, que le he hecho caso el justo, lo que viene siendo ninguno.

Pero me temo que se avecina tempestad. Y compartir el mismo techo que El Contrario es -cuanto menos- motivo de preocupación para mí.