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lunes, 23 de junio de 2014

32. OUI, C'EST MOI.

[…] La cosa ha sucedido así:
Estaba yo contando a Las Compañeras mis aventuras en Vancouver –aun no había llegado al momento camiseta mojada-, cuando me ha sonado el teléfono móvil, era una llamada desde un número desconocido.
- ¿Si? –He contestado yo.
- ¿Es usted Fulanita? –Me ha preguntado una voz de hombre, seria y autoritaria. La voz, digo.
- Si, soy Fulanita. –He contestado.
Aunque con las ganas me he quedado decir “oui, c’est moi” –como en el anuncio de LouLou-.
Pero una corazonada me ha advertido de que mantuviera las formas por muy contenta que hubiera venido del viaje.
Era El Subinspector de la Policía Nacional, ni más ni menos. No sé qué me pasa últimamente con Los Cuerpos.

Para ir al grano, resulta que El Contrario me ha denunciado por apropiación indebida de algo de lo que debidamente estoy haciendo uso.
Aunque más o menos se lo he explicado a El Subinspector, debo presentarme a prestar declaración en comisaría.
Me ha dicho que no es necesario que acuda acompañada de La Experta, ya que si decidieran ponerme a disposición judicial, igualmente me asignarían un abogado de oficio.
El Subinspector ha querido tranquilizarme, casi asegurándome que iré a dormir a casa con mi hijo.
Me ha llamado por la mañana, pero me ha permitido que vaya a declarar esta noche, cuando él vuelva a incorporarse a su turno y de paso evitar el que yo tenga que ausentarme del trabajo.
He tenido todo un día para recabar documentación que acredite que el uso es debido.

Mentiría si dijera que he podido centrarme en el trabajo. Mi mente no ha podido parar de organizar la logística para acudir a comisaría sin dejar solo y desatendido a mi hijo. Así como todas las directrices necesarias para su atención en caso de que yo tenga que dormir en el calabozo.
Una vez más me he apoyado en mi familia. Mi Hermano Mayor me acompañará y Mi Sobrina se quedará en casa con el niño.
Además tendré que inventarme una historia convincente para explicársela al peque, ya que esta circunstancia muy habitual no es.

Las diez en punto de la noche, es la hora exacta a la que tenía que presentarme en comisaría. El Subinspector me recibe y me insta a pasar a una sala para tomarme declaración, en ella estaremos El Secretario, él y yo.
Le pregunto si puede pasar mi hermano conmigo.
- Es usted mayor de edad, puede usted pasar sola, no le va a pasar nada. – Me dice esto con voz firme, sin dejar lugar a réplica.
¡Qué guapo es el “jodío”! No tanto El Secretario, aunque tiene cara de simpático.
Mi hermano se queda esperando fuera.

Cuando han visto el tochazo de papeles que llevo y lo lanzada que me dispongo a declarar, me piden calma.
Antes de empezar oficialmente con la declaración me preguntan por mi relación con El Contrario desde el comienzo de los tiempos hasta hoy. Supongo que para buscar coincidencias entre la historia que les ha intentado colar El Contrario y la verdad que les traigo yo.

Cuando les ha quedado más o menos todo claro, y después de reírse -conmigo- de mis penosas experiencias con El Contrario, así como de reírme yo con ellos -con alguna penosa historia suya-, El Subinspector me ha dicho:

- Si fuera por lo que El Contrario nos ha contado esta mañana, hubiéramos procedido a tu detención, fijando fecha para un juicio rápido –a estas alturas ya me hablan de tú-, y hubieras pasado la noche en el calabozo a la espera de que se te asignara un abogado de oficio. Pero después de hablar contigo y examinar toda la documentación que traes, y teniendo en cuenta que El Contrario  se ha presentado sólo con su palabra y muy pocos argumentos, lo que vamos a hacer es tomarte declaración y enviarla junto con la denuncia al juzgado.

A parte del mal rato que acabo de pasar –no estoy acostumbrada a presentarme en comisaría a que me tomen declaración por nada-, debo reconocer –sintiéndolo mucho por Mi Hermano Mayor que ha esperado pacientemente al menos dos horas a que terminase de declarar, y por Mi Sobrina que ha tenido que hacer de canguro de urgencia–, que de esta visita a comisaría me llevo muy buenos consejos –para lo que me espera de ahora en adelante- de El Subinspector y de El Secretario.

Cuando me han comentado que tengo historias como para escribir un libro, les he dicho que no descarto la idea. Y que si lo hago, les llevaré una copia firmada en persona.
El Subinspector además me ha dicho que si necesito hablar, o si puede ayudarme en algo, me pase a verle…

lunes, 5 de mayo de 2014

25. LA BODA Y EL MONITO DE FERIA

Ya he dicho en alguna ocasión que soy muy de Gran Hermano. Con el tema de las redes sociales me sucede algo similar.

Si en Gran Hermano los concursantes se olvidan de las cámaras la mayoría de las veces, en las redes sociales la gente suele olvidarse del resto de internautas.

Eso lo hace divertido, es como mirar por el agujero de la cerradura.

Cuando leía el otro día en Facebook -en el muro del grupo "BODA: La del Quinto y El Contrario"-, que uno de los invitados proponía "levantar las pollas" durante el banquete nupcial, me partía la caja. La caja torácica entiéndase, o lo que viene siendo partirse el pecho.

¿Qué habrá sido de El Contrario que pretendía vivir de las apariencias? Porque no me cuadran los distintos tipos de invitados al evento.

Por un lado, los que "levantarán las pollas" y, por otro, los compañeros de trabajo de El Contrario, que ahora es directivo de una prestigiosa empresa. Con lo que eso conlleva -según palabras del propio directivo-.

Por otra parte, leer el muro del citado grupo -si, ya sé que es una acción masoquista a la par que inapropiada-, me pone al día de los preparativos de tan magnánimo acontecimiento.

Que si dónde me compro los zapatos de novia, que si ya tengo zapatos. Que los fotógrafos son costosísimos, que si ya tenemos fotógrafo. Que si alguien nos recomienda destinos para el viaje de novios, que ¡qué bonito es París!...

Y yo cruzando los dedos para que a la vuelta, el viaje a París haya dado sus frutos y traigan el encargo de gemelos como poco.

Puede que así a El Contrario se le olvide que existo y deje de molestarme con cosas del estilo: te voy a dejar sin coche, te van a embargar a perpetuidad...y frases por el estilo. Todo por no querer financiarle su parte de los gastos del bodorrio con cargo a la pensión de alimentos del niño.

Hablando del niño -me refiero a Nuestro Hijo, no a los gemelos parisinos-, El Contrario está en todo, por eso le va a dar su parte de protagonismo en el evento.

Al pobre le toca llevar los anillos. Y digo pobre, porque esto le supondrá tener que "disfrazarse" para la ocasión.

Pero La del Quinto ya se ha encargado de eso. El niño irá "divino de la muerte".

A ver, esto lo sé porque el pueblo es muy pequeño y por tanto muy fácil que sucedan ciertas cosas, como que entres a una boutique y que haya alguien detrás de ti, que sabe quien eres tú aunque no sea recíproco. Así que si cometes la imprudencia de hacer a la dependienta un comentario despectivo del hijo de tu futuro esposo, es probable que dicho comentario llegue a los oídos de la madre del retoño.

Osea, que Nuestro Hijo será el "monito de feria" que les haga entrega de las alianzas que unirán de por vida -ante los ojos de Dios-, a La del Quinto y a El Contrario, a pesar de que el niño que porte las arras luzca mucho mejor.

lunes, 3 de febrero de 2014

12. LOS VERANOS. Segunda Parte



Recuerdo mi infancia y pienso en los domingos, yendo en bandada –padres, hermanos, tíos, primos, abuelos y amigos- a la montaña, a El Terreno de mis tíos, o simplemente a La Cruz Montigalá en El Día de la Tortilla o para Enterrar la Sardina.


Me viene el olor a moras recién cogidas y casi noto el escozor en los dedos, sangrantes por los pinchos de las zarzas.


Más tarde –en otra tierra–, de adolescente, recuerdo hacer el gamberro escalando áridos cabezos. Ir en bicicleta a coger albaricoques, mandarinas o ciruelas. Buscar lechos inmensos de tréboles para desparramarnos sobre ellos, ranas en las acequias, lombrices en el barro. Llegar a casa con picaduras de avispa, astillas incrustadas en la piel, urticarias causadas por las ortigas. Y aquellos baños en los embalses, ramblas o presas.


Por todo ello y a pesar de que la experiencia con El Contrario en la playa no fue muy edificante, lo intentamos con la montaña.


Pensé que irnos de camping sería una buena idea, así que para el primer cumpleaños de El Contrario – estando conmigo- le regalé una tienda de campaña.


Llegó el momento.


Preparo los bártulos, allí vamos.


Primera prueba, plantar la tienda. Esto es mucho más complicado que lo de la sombrilla, empiezo a darme cuenta de que quizá no ha sido una buena idea lo de la acampada, pero ya estamos aquí, no pasa nada.


Tenemos un buen enfado por culpa de  los clavos y los vientos que no quedan milimétricamente anclados. No se nos ocurrió llevarnos la caja de herramientas y mira que suelo estar en todo.


Metemos dentro de la tienda el colchón, las sábanas, las almohadas, los pijamas, la linterna, el repelente de insectos, etc.


A parte de todo lo anterior – y por aquello de la acampada – cada uno de nosotros hemos traído un saco de dormir.


Primera noche. Todo en orden. El colchón con su exacta medida de aire, las sábanas bien ajustadas sobre el colchón, las almohadas con sus fundas y bien ahuecadas, los pijamas puestos, la linterna encendida, el repelente de insectos correctamente untado…nos disponemos a extender sobre nosotros los sacos de dormir. Cuando El Contrario saca el suyo y lo extiende -con un un perfecto movimiento de muñecas- no ha recordado que su saco había sido utilizado previamente –no por él- para dormir en la playa.


Afortunadamente, llevamos una escoba y un recogedor de viaje, que por supuesto ya habíamos metido en la tienda de campaña.


La noche se hace amena sacudiendo la arena; del colchón, de las sábanas y de los pijamas.


Nuestros compañeros de acampada –que, por suerte para ellos, duermen en la tienda de al lado- no dan crédito a lo que está sucediendo. Lo deduzco por las risas y comentarios que me llegan.


Cada vez que entramos o salimos de la tienda hay que barrer el suelo y asegurarse de que todas las cremalleras queden bien cerradas, no vaya a ser que se cuele alguna tarántula o escorpión.


El Contrario no se baña en los ríos porque hay bichos y truchas. El agua cristalina y fresca de los manantiales de la sierra -identificados con letreros en los que especifica agua potable- se le antoja cianuro. Y es capaz de completar una ruta de seis horas, en pleno mes de julio, sin beber una vez que se le acaba el agua de su botella. Yo sufro porque tiene espumarajos blancos en la comisura de los labios.


El Contrario deja a todo el camping sin agua caliente cada vez que se da una de sus prolongadas duchas, que requieren de; champú -dos pasadas-, acondicionador capilar, gel -dos pasadas- y - si apuro- aceite hidratante.


También de pequeña me encantaba ir a la montaña.


A partir del segundo verano juntos, sólo íbamos a la playa si había una casa cerca en la que poder ducharse y comer. Y sólo íbamos a la montaña si había un hotel - mínimo de cuatro estrellas- en los alrededores.


Es decir, dejamos de ir a la playa y a la montaña.