Si
entonces me pareció que nada podía ir peor es que pequé de ilusa.
Por
aquel entonces El Contrario y yo
todavía éramos capaces de conversar, o más bien, yo todavía era capaz de
conversar con él. Hoy en día me es, poco menos que perjudicial para la salud,
el sólo hecho de verle la cara.
Tampoco
nos perseguían los bancos, por lo menos a mí. Pero todo fue que Hacienda comenzara la persecución y
ponerse los demás a la zaga.
Y
es que estoy a las puertas de que el banco meta la hipoteca de nuestra casa por
vía ejecutiva. Bueno, estoy no, estamos. Es decir, El Contrario y yo.
Resulta
que las entidades financieras son muy quisquillosas, ni siquiera se conforman
con que les pagues la mitad de las cuotas, durante medio año. Ya que, si las
matemáticas no fallan, seis por un medio son tres enteros. O lo que es lo
mismo, tres cuotas de la hipoteca impagadas, más sus correspondientes
intereses.
¿Qué
por qué la mitad? Porque a El Contrario
no le va eso de comprar yenes de un tiempo a esta parte. Debe ser que prefiere
destinar sus euros a los preparativos de su boda con
Pero
a eso volveré en otro momento. Yo a lo que iba es a lo de los bomberos. No lo
puedo evitar, me pierden “los cuerpos”.
He
leído esta mañana que los bomberos de mi provincia se declaran objetores de
conciencia a la hora de intervenir en desahucios.
A
ver, no es que me parezca mal, lo de los bomberos digo, pero era el único
aliciente que le veía a eso de que me desalojaran de mi casa. Ya había tenido
mis sueños ardientes al respecto.
Yo
soy mucho de Gran Hermano y daba por
hecho el verme por la televisión forcejeando con el “cuerpo” de bomberos
intentando aferrarme a mi embargado hogar.

