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martes, 1 de abril de 2014

20. LOS BOMBEROS.


Hace ya un año desde el palo de Hacienda. ¡Cómo pasa el tiempo!
Si entonces me pareció que nada podía ir peor es que pequé de ilusa.

Por aquel entonces El Contrario y yo todavía éramos capaces de conversar, o más bien, yo todavía era capaz de conversar con él. Hoy en día me es, poco menos que perjudicial para la salud, el sólo hecho de verle la cara.

Tampoco nos perseguían los bancos, por lo menos a mí. Pero todo fue que Hacienda comenzara la persecución y ponerse los demás a la zaga.
Y es que estoy a las puertas de que el banco meta la hipoteca de nuestra casa por vía ejecutiva. Bueno, estoy no, estamos. Es decir, El Contrario y yo.

Resulta que las entidades financieras son muy quisquillosas, ni siquiera se conforman con que les pagues la mitad de las cuotas, durante medio año. Ya que, si las matemáticas no fallan, seis por un medio son tres enteros. O lo que es lo mismo, tres cuotas de la hipoteca impagadas, más sus correspondientes intereses.

¿Qué por qué la mitad? Porque a El Contrario no le va eso de comprar yenes de un tiempo a esta parte. Debe ser que prefiere destinar sus euros a los preparativos de su boda con La del Quinto, vamos, sólo son especulaciones mías, pero eso de crear dos eventos y un grupo  en la misma red social, inspirados en dicho acontecimiento, me lo hace sospechar.

Pero a eso volveré en otro momento. Yo a lo que iba es a lo de los bomberos. No lo puedo evitar, me pierden “los cuerpos”.

He leído esta mañana que los bomberos de mi provincia se declaran objetores de conciencia a la hora de intervenir en desahucios.

A ver, no es que me parezca mal, lo de los bomberos digo, pero era el único aliciente que le veía a eso de que me desalojaran de mi casa. Ya había tenido mis sueños ardientes al respecto.

Yo soy mucho de Gran Hermano y daba por hecho el verme por la televisión forcejeando con el “cuerpo” de bomberos intentando aferrarme a mi embargado hogar.

Aunque, ya fuera de bromas, creo que debería ir buscando una residencia alternativa para el niño y para mí. Por lo que pueda pasar, pues preveo un futuro oscuro.