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lunes, 14 de julio de 2014

35. TRANQUILIDAD RELATIVA


Se inició el nuevo curso escolar y si bien, hasta un mes después –tras marear la perdiz todo lo que ha podido- no comencé a recibir el dinero –a fuerza de embargo- correspondiente a la pensión de alimentos de Nuestro Hijo –más los correspondientes atrasos-, El Contrario tuvo la deferencia de ingresar en mi cuenta cien euros como dádiva generosa para contribuir al pago de los gastos derivados del comienzo del nuevo curso, así como para participar en la adquisición de las nuevas plantillas ortopédicas que el niño necesitaba.

Con el dinero que vaya percibiendo de los atrasos saldaré, poco a poco, las cuentas pendientes que tengo con los familiares y los profesionales que, hasta la fecha, me han ido echando mil manos para que yo pudiera sacar al niño adelante al tiempo que luchaba por lo que era justo para él.

Con la ayuda de la pensión mensual, podré llevar al niño como un palmito e incluso ir juntos al cine o al McDonald`s alguna vez que otra. Hasta ahora, sólo con mi sueldo, nos daba poco más que para pan y cebolla.

Por lo pronto voy a inscribir al niño a clases de kárate, a petición de él mismo. Va a suponer un gasto extra, sobre todo al principio, pues hay que adquirir el kimono y otros complementos. No voy a molestarme en pedir la mitad de lo que cueste a El Contrario. Si para que el niño coma y se vista en condiciones mira la que hemos liado

Con suerte -si con muchos cálculos y ecuaciones consigo cuadrar números-,  igual hasta puedo retomar mis clases de Aquagym, echo de menos a Las Chicas y mi cuerpo necesita mover las bisagras. Nunca sabe una cuándo se le va a volver a presentar un canadiense vigoroso, y hay que poder estar a la altura de los acontecimientos llegado el caso. Si no, después necesito varias semanas para que se me quiten las agujetas, que por mucho que valgan la pena, suelen ser bastante molestas.

Quisiera pensar –una vez más- que vienen días de relativa tranquilidad. Y digo “relativa” porque tampoco puedo olvidar el hecho de que la hipoteca sigue sin pagarse –el dinero no da para más-, lo que significa que en cualquier momento, mi niño y yo, tendremos que abandonar “nuestro” hogar.

Como no me gusta regodearme en la miseria más de lo estrictamente necesario, he optado por evadirme escribiendo una novela sobre las aventuras y desventuras de una mujer separada. Eso si, en clave de humor, porque para llorar siempre se está a tiempo.

No paro de darle vueltas al tema, me gustaría perfilar bien los personajes. Barajo varias posibilidades. En la primera, la protagonista es extremadamente… ¿pánfila? En la segunda, la protagonista es paciente y… ¿calculadora? Todavía no sé que derroteros tomaré. Imagino que no podré evitar plasmar en la protagonista parte de mi propia persona.

Tras varios días dándole vueltas, he empezado a darle forma a los personajes de mi proyecto de novela. Al final el coprotagonista me está quedando demasiado bonachón. No sé yo si tanto algodón de azúcar tendrá gancho.

Les he expuesto mi proyecto a amigos y amigas, la mayoría piden que incluya mucho sexo, pero me parece demasiado oportunista en estos días llenos de "Christianos Grey" y "Gideones Cross".


lunes, 24 de febrero de 2014

15. PREGUNTAN POR TI.

Ha llegado el momento de atar cabos. No puedo seguir con lo de ofrecer servicio de limpieza y pago de suministros a El Contrario -de modo altruista- eternamente.
Que no pague su parte de la hipoteca ya es el colmo.

Así que cuando hoy me ha dicho que lo van a ascender -a costa de aceptar un traslado a unos cuantos miles de kilómetros-, he visto el cielo abierto.

Le he comentado que tenemos que arreglar legalmente la situación, sobre todo por el tema del niño.

Me ha mirado como si estuviera loca, diciéndome que dejemos las cosas como están, que no hace falta ningún papel.
¡Me río de Janeiro!

A pesar de que El Contrario lo pueda pensar, sé que no estoy loca, así que he buscado asesoramiento profesional.

En colaboración con La Experta, hemos redactado un borrador respecto a la custodia del niño, los bienes y las deudas en común.

Ingenua de mí, al llegar a casa se lo he dado a El Contrario diciéndole que lo leyera y lo estudiara. Que se asesorara con un profesional, que aunque él crea que sabe del tema, no sabe de la misa la media. Que pusiera y que quitara lo que creyera oportuno y que a ver si conseguíamos llegar a un acuerdo.

Me ha vuelto a mirar, esta vez con ojos de lobo en piel de cordero.

Hoy me ha presentado su propuesta de acuerdo…Custodia compartida. ¡Alma de cántaro! Ni Salomón hubiera tenido tan genial idea. Si tuviéramos gemelos igual podríamos decir aquello de “Tú a Boston y yo a California"…Es coña, claro.

Si se va a miles de kilómetros, no me explico cómo piensa hacerlo. Porque no ha mencionado nada de que tenga un jet privado a su disposición cada quince días.

Desvarío, porque se me ha venido a la mente el helicóptero Charly Tango de Christian Grey.

Tras un margen de unos quince días y sin ver una alternativa coherente -a parte de la custodia compartida quiere que pague la mitad del préstamo del coche que él y La del Quinto conducen-, es el momento de coger al toro por los cuernos. Y no me refiero a los míos, porque entre otras cosas sigo perteneciendo al género femenino.

Así que le tocará a un juez decidir por nosotros lo que es de recibo y lo que no.

Esta mañana -mientras iba de camino al juzgado a firmar el poder al procurador y a La Experta para que puedan actuar en mi nombre-, he estado recibiendo varios  sms  de El Contrario preguntándome cosas como; ¿dónde está el detergente? Ya que quería poner una lavadora y por lo visto en el lavadero sólo ha encontrado una botella Luzil.

Dadme un respiro. Yo tampoco lo entiendo.

Poco después de que yo haya llegado a casa -de vuelta del juzgado-, están llamado al timbre, vienen a entregarle la notificación de la demanda. ¡Qué me trague la tierra!
Aprovechando que los agentes judiciales están subiendo por el ascensor, le digo a El Contrario que preguntan por él. 
Mientras, yo me voy con el peque a jugar a su habitación.

Cinco minutos después tengo un sms en el móvil, en el que dice que -según su abogado- a  partir de ahora ya no puedo conducir el otro coche, porque está a su nombre y por tanto es suyo. Me insta a que le dé las llaves.

Ni que decir tiene, que le he hecho caso el justo, lo que viene siendo ninguno.

Pero me temo que se avecina tempestad. Y compartir el mismo techo que El Contrario es -cuanto menos- motivo de preocupación para mí.